Falta de deseo sexual


Se dice que tenemos el deseo sexual hipo activo cuando hay poco interés por iniciar una relación sexual o para responder al deseo de la pareja. Lo primero que hay que evaluar es cómo es esa falta de deseo sexual, ya que según esto orientaremos la intervención.

- Primaria: Nunca ha tenido deseo sexual. - Secundaria: Había deseo sexual y lo ha dejado de tener. - Situacional: Muestra interés sexual hacia otras personas que no son su pareja. - General: No tiene interés sexual hacia nadie.

No debemos confundirlo con la Aversión sexual donde la persona no sólo no muestra deseo sino que encuentra el sexo como algo desagradable e incluso repulsivo.

Las consultas por este tema son bastante frecuentes, no sólo en parejas o personas maduras, sino incluso entre personas jóvenes que llevan poco tiempo de relación. En muchas ocasiones tras hacer la evaluación se aprecia que no existe tal problema, que se trata de más bien de una discrepancia en cuanto a la frecuencia entre los miembros de la pareja o incluso una preocupación por no llegar a los estándares de frecuencia que popularmente se supone que deberían practicar. En otras ocasiones es cierto, algo está causando que el deseo sexual esté inhibido.

Posibles causas

Aunque es frecuente encontrar en terapia parejas preocupadas por este tema, muchas veces solo es cuestión de adaptar los ritmos de actividad sexual de la pareja o desmontar expectativas irreales. Sin embargo, si que en ocasiones hay que intervenir sobre otras causas.

Problemas de relación: Las discusiones frecuentes en la pareja, las infidelidades, engaños u otros aspectos van marcando una distancia emocional y un enfriamiento afectivo que suele desembocar en la ausencia de deseo.

• Otras disfunciones sexuales: El interés sexual puede verse disminuido de forma temporal o permanentemente cuando se han experimentado otras dificultades previas como la falta de erección o excitación, la anorgasmia o la dispareunia o dolor durante las relaciones sexuales.

Hormonales: La bajada de estrógenos o testosterona y el aumento de prolactina debido a diversas causas pueden provocar esa falta de deseo tanto en mujeres como en hombres.

Pensamientos irracionales que mediatizan la respuesta sexual, estos pueden ser muy variados, en ocasiones proceden de la educación recibida y las ideas adquiridas en la infancia o adolescencia:

- Los hombres sólo quieren sexo.

- El hombre no puede fallar nunca.

- Anticipación de fracaso: Me va a doler, no voy a ser capaz, no podre satisfacer a mi pareja.

- La mujer no debe tomar la iniciativa.

- El sexo es pecado.

Pensamientos distractores: Al comenzar la estimulación, algunas personas pueden pensar en rutinas o cuestiones cotidianas que nada tienen que ver con la relación sexual lo que provoca que desaparezcan las ganas o no facilita que aparezcan.

• El estrés, depresión o dificultades personales provocan preocupaciones que se hacen protagonistas en nuestras vidas y dan lugar a un desinterés por el sexo. Esto ocurre a veces cuando aparecen cambios vitales como nacimiento de hijos, situaciones de pérdida de empleo, muerte de seres queridos, u otras situaciones que no podemos encajar.

Enfermedades físicas, insomnio o algunos medicamentos pueden afectar al deseo sexual, sobre todo si producen cansancio o malestar físico.

• Personas víctimas de abusos o violaciones.

Intervención Terapéutica

Una vez localizadas las causas que pueden estar influyendo en ese bajo deseo sexual, la intervención estará enfocada a ir eliminando las dificultades y obstáculos que nos impiden conseguir una vida sexual sana y placentera.

• Se debe hacer una buena evaluación y si no se encuentra un componente psicológico o emocional que explique la inhibición del deseo sexual, habría que hacerse una revisión y comprobar los niveles hormonales o efectos de posible medicación que tengan como efecto secundario ese bajo deseo sexual.

• Suele ser necesario trabajar la terapia de pareja, para detectar problemas de comunicación o mala gestión de conflictos que puedan estar llevando a un deterioro en la relación, esta es una de las causas que suele estar frecuentemente detrás de este trastorno. El entrenamiento en la comunicación emocional tanto positiva como negativa, el respeto del uno por el otro, el trabajar la empatía en pareja y el reservar tiempo de pareja, para realizar actividades gratificantes, suele contribuir a estimular la aparición del deseo sexual.

• La terapia sexual en otras áreas también suele ser necesaria, sobre todo la relacionada con experiencias previas negativas. Ahí dependiendo de cuál haya sido el problema, la terapia tendrá un enfoque diferente.

• Si es la depresión, el estrés o cualquier otra patología de tipo emocional, habrá que incidir en trabajar esos aspectos, para llegar a adquirir el bienestar personal. Eso tendrá una repercusión directa sobre la vida sexual de la pareja.

• En otros casos habrá que acudir a la restructuración cognitiva, para ir desmontando todas aquellas ideas irracionales respecto al sexo o la vida de pareja que puedan generar malestar e influir en una disminución del deseo sexual. También se valorará si es preciso intervenir sobre posibles distractores cognitivos que pueden aparecer en el momento de la relación sexual.

Una buena forma de prevenir la inhibición del deseo sexual es reservar siempre un tiempo para la pareja, para sus momentos de conversación, intimidad, compartir ratos de calidad a solas, expresar sentimientos. Dentro de los quehaceres diarios, vida social, obligaciones con los hijos, etc. Es importante reservar siempre un tiempo “en exclusiva” Para la pareja que estimule la cercanía y el deseo sexual. Si quieres mejorar tu vida sexual o de pareja, busca ayuda #eidem #deseo sexual

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