Esto no es nada personal


Todas las personas cargamos con creencias “grabadas a fuego”, resistentes y complejas de cambiar, principalmente porque nos las hemos creído sin cuestionarlas y porque realmente no sabemos que son la causa de nuestros malestares.

Vamos a ver alguna de esas creencias:

La verdadera libertad reside en lograr ser feliz prescindiendo de la aprobación de los demás.

Existe un libro muy popular en Japón que recoge las conversaciones entre un joven insatisfecho y un filósofo que le enseña, entre otras cuestiones, el arte de no agradar a los demás.


Interesante la idea de emanciparse de la opinión ajena sin sentirse por ello un marginado.

Decía un importante filosofo “si uno quiere liberarse de sus problemas, lo único que puede hacer es vivir solo en el universo”. Dado que eso es imposible, al relacionarnos con los demás sufrimos por alguna de estas razones:

— Experimentamos un complejo de inferioridad respecto a quienes han “conseguido más” que nosotros.

— Nos sentimos injustamente tratados por personas a las que amamos o ayudamos y no nos corresponden como esperamos.

— Intentamos desesperadamente complacer a los demás para obtener su aprobación.


Este último punto se ha convertido en una adicción y es fácil de verlo en el dia a dia en las redes sociales, donde colgamos posts buscando la aprobación de los demás en forma de likes y comentarios.


Por otra parte, el hecho por ejemplo de que no nos agradezcan suficientemente algún detalle que hemos tenido, por ejemplo, puede desatar en nosotros el resentimiento y enfriar una amistad.


Seguro que todos tenemos ejemplos en el día a día que ratifiquen estas creencias.

Bajo este deseo de toma y daca hay un ansia de reconocimiento. Si el otro me da las gracias, si aprecia mi trabajo, si corresponde a mi favor con un acto amable, entonces me sentiré reconocido. Si eso no sucede, lo interpreto como si yo no hubiera hecho nada, como si no existiera para el otro. Esta forma de verlo, es un poderoso generador de problemas, ya que las relaciones nunca son totalmente simétricas. Hay personas que disfrutan dando y otras que transmiten la impresión, aunque no sea cierta, de que no quieren recibir nada. Eso provoca muchos malentendidos, sumado al hecho de que cada individuo tiene una forma distinta de expresar su amor y gratitud. Hay personas que verbalizan de manera inmediata y directa lo que sienten por nosotros, y otras que nos aprecian igualmente, pero tienen menos facilidad para expresar amor, o bien lo hacen de forma diferida, cuando encuentran el momento y lugar adecuados.


Todas las opciones son correctas, siempre que nos liberemos de la ansiedad de hallar una compensación inmediata y equitativa, como en un comercio en el que hay que cobrar de inmediato lo que se entrega.


Cuando una relación interpersonal se cimienta en la recompensa, hay una sensación interna que afirma que ‘te he dado esto, así que tú tienes que devolverme esto otro”, eso es una fuente inagotable de conflictos.


La verdadera libertad incluye que no nos importe caer mal a algunas personas porque estadísticamente es un hecho que no podemos gustar a todo el mundo. Dejar de preocuparnos por lo que los demás piensen de uno, especialmente los que no nos entienden, es el camino a la serenidad.


No te lo tomes personalmente

Para mantener el equilibrio emocional y mental no hay que dar importancia a lo que suceda a nuestro alrededor, ya que “cuando te tomas las cosas personalmente, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus creencias y creando conflictos. Haces una montaña de un grano de arena”.

Seria por tanto interesante abandonar la necesidad de tener razón, dejar de gastar energía en intentar convencer a los demás, que tienen sus propias creencias, resulta profundamente liberador.

Quienes van por el mundo tomándoselo todo personalmente ven enemigos por todas partes y nunca pueden estar verdaderamente tranquilos.

Nada de lo que hagan o digan otras personas debería hacernos daño si se asume la siguiente premisa: “Nunca eres responsable de los actos de los demás; solo eres responsable de ti mismo”.


Si en tu mochila de creencias prevalecen con frecuencia las mencionadas, en eidem podemos ayudarte


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