Cómo afrontamos las dificultades


En artículos anteriores hemos tratado cómo funciona la fisiología del estrés, la cual nos prepara para luchar o huir y cuando es muy intensa, nos puede paralizar.


Se podría decir que son las tres formas básicas en la que podemos reaccionar ante una amenaza o agresión y la vamos aprendiendo desde la niñez. En la medida que nos funciona una más que otra, vamos definiendo qué tipo de afrontamiento es el que solemos utilizar y esto va configurando nuestra personalidad.

Cuando somos niños estos mecanismos nos pueden ayudar, pero en la medida que la persona crece y se siguen utilizando en situaciones inadecuadas, en lugar de aliviarnos pueden ser fuente de malestar.


Conozcamos los tres estilos más frecuentes de afrontar las dificultades.


La sobrecompensación


Este estilo proviene de la respuesta de lucha.

La persona actúa defensivamente o ataca para protegerse de forma desajustada. Muestra actitudes opuestas y exageradas a las que realmente siente y oculta.


Las emociones que acompañan a este estilo son de ira, frustración, hostilidad, agresividad o en el otro extremo demasiado optimismo, orgullo y provocación.


Al ser un mecanismo que tiene una reacción excesiva puede provocar rechazo en los demás.


La rendición


Este estilo proviene de la respuesta de bloqueo o la paralización. Se rinde ante la amenaza o la agresión.


La persona no identifica recursos que le pueda ayudar a cambiar lo que le pasa o no ve alternativas, por lo que opta por no hacer nada y aceptar lo que le venga.


Suele conectar con emociones como la tristeza, desesperanza, desamparo, sentirse víctima y soledad


Pueden tener una baja autoestima, pesimismo y sentimiento de que no pueden cambiar nada, por eso no hacen nada y aparentemente todo les da igual.


La evitación


Este estilo proviene de la respuesta de huida.


Evita pensar, sentir o exponerse a situaciones que le generan temor o inseguridad o le provoca daño emocional.


Suele conectar con emociones de inseguridad, miedos, estados ansiosos, rechazo o asco.

En algunos casos este mecanismo nos puede llevar a beber o comer en exceso, consumir drogas, trabajar adictivamente o tener algún comportamiento obsesivo.


¿Cómo puede ayudar la terapia psicológica


Ayuda a identificar el estilo que más usamos. Podemos llegar a utilizar los tres estilos pero solemos tener más afinidad por uno de ellos.


Una vez identificado podemos equilibrarlo y modularlo para adaptarnos mejor a las situaciones y al entorno. Esto nos permite reducir el estrés. Nos ayuda a resolver mejor las situaciones diarias y las relaciones sociales resultan más fáciles y enriquecedoras.


¿Conoces tu estilo de afrontamiento?

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