Agresion sexual y trauma


Todos los días no hay medio de comunicación que no relate algún atentado contra las mujeres (muerte por violencia de género, por discriminación laboral, agresión sexual, precariedad laboral…)


Las agresiones sexuales hacia la mujer es uno de los mayores atentados tolerados por nuestra sociedad y aun nuestra legislación no se ha adaptado a las peticiones hechas por miles de mujeres que entienden que aún no se las protege suficientemente.


Sufrir una agresión sexual puede tener consecuencias psicológicas graves para las mujeres que lo sufren. Se trata de un suceso traumático, que no es lo mismo que trauma. Un suceso traumático es un suceso inesperado que pone en peligro nuestra integridad física, la persona siente que es incapaz de afrontarlo y las consecuencias pueden ser de terror.


Una agresión sexual se entiende que es de mayor gravedad que otro suceso traumático (perder a un familiar, un robo, sufrir un terremoto, presenciar un asesinato…) porque es un suceso causado por el hombre (frente a un suceso causado por un evento natural), es un evento intencionado y normalmente ocurre con personas del entorno, es decir, una agresión sexual tiene todos los ingredientes para provocar un daño.


Si la agresión sexual ocurre en la infancia tiene también unas características especiales: suele suceder en el ámbito familiar, fundamentalmente pasa en niñas, con mayor frecuencia entre los 6 y 12 años, menor ocurrencia de agresión con penetración, menor aparición de violencia física y se trata de victimas especialmente vulnerables.


Las agresiones sexuales pueden tener consecuencias psicológicas más o menos graves en las personas que los sufren.


Estas consecuencias pueden aparecer en el momento del suceso o con el paso del tiempo.


1. Problemas emocionales: trastornos depresivos, trastorno bipolar, TEP, TLP, baja autoestima, conductas autodestructivas, conductas suicidas.


2. Aislamiento, problemas funcionales, trastorno de la conducta alimentaria, dolores físicos inespecíficos, crisis convulsivas, trastornos disociativos, trastornos de somatización, trastorno por abuso de sustancias, problemas sexuales (sexualidad disfuncional, conductas de riesgo, maternidad temprana…)



Si la agresión sexual se produce en la edad adulta el síntoma más llamativo es la vergüenza, acompañado por humillación, miedo o desconfianza. Todo esto dificultara en gran medida las relaciones sociales futuras entre otras consecuencias.


A corto plazo encontramos conductas desorganizadas, dificultades para retomar las rutinas, aislamiento.


También parece cierto que las victimas que presentan rumiación tienen peor pronóstico que aquellas que no lo presentan. El antídoto contra la rumiación es la actividad y la denuncia.

Si existe un trauma asociado al suceso traumático (no tiene por qué ser siempre así) se valoraría la existencia de TEP (trastorno de estrés postraumático) donde encontraremos intrusiones o reexperimentación, estados de alerta, conductas de evitación y alteraciones cognitivas y del estado de ánimo. Podemos tener pesadillas o sueños, reacciones disociativas, hipervigilancia o respuestas exageradas y sobresaltos, incapacidad para recordar detalles, percepción distorsionada de las causas y estado emocional negativo persistente.


Son numerosas las graves consecuencias de una agresión sexual, porque dicen las victimas:


EL TRAUMA NO PUEDE OLVIDAR Y EL TRAUMA NO PUEDE RECORDAR.

Si has sufrido una agresión sexual, pide ayuda, denuncia y ponte en manos de profesionales.


En eidem podemos ayudarte

AYUDA

© -2018- Todos los deechos reservados - eidem - Aviso Legal y Politica de Privacidad

  • Grey Facebook Icon