Carpe diem. El bienestar de vivir en el presente.


“Me siento sin ganas, me preocupa que va a pasar y eso me angustia o me siento culpable por lo que ocurrió y estoy como en alerta continuamente”. Seguro que estas frases nos resultan conocidas por habernos sentido así en algún momento.

Tanto la ansiedad como la depresión tienen un componente importante de inadecuada gestión de nuestros pensamientos. Y por ende del malestar físico y emocional que nosotros solos nos provocamos.

El hecho de estar mirando al pasado, reviviendo una y otra vez hechos ocurridos, que son los que son y no podemos hacer nada por modificarlo.

O mirando al futuro, tratando de encontrar la certeza de lo que va a ocurrir, proyectando un escenario imaginario, que igual ni ocurre, y suponiendo realidades que no hemos tenido la oportunidad de contrastar.

Ambas situaciones hace que empleemos una cantidad enorme de energía que nos agota, y que es totalmente improductiva. Una porque ya pasó y no podemos cambiarlo y otra porque no podemos adivinar ni tener la certeza por mucho que nos empeñemos.

Y mirando al pasado y tratando de averiguar el futuro “se nos diluye el presente como lágrimas en la lluvia”. Olvidando que la solución está aquí y ahora.

Al pasado hay que mirar por dos causas: para aprender de lo ocurrido y no cometer los mismos errores y para rescatar buenos recuerdos que nos ayuden a seguir avanzando. Nunca para fustigarnos ni deleitarnos con nuestro sufrimiento.

Respecto del futuro sólo iremos para prever distintos escenarios y prepararnos para estar fuertes y seguros, siempre y cuando esté en nuestra mano.

Pero tanto el aprendizaje de lo pasado como la preparación para el futuro está en el presente. Ahora es cuando tenemos que actuar pero desde nuestro momento actual.

Os hacemos esta propuesta para reducir la ansiedad

Cuando dirigimos todos nuestros sentidos al momento actual, somos capaces de apreciar matices que en otras circunstancias pasarían desapercibidos.

Nos detenemos a tomar conciencia de nuestras sensaciones corporales, lo que perciben nuestros sentidos, los pensamientos que nos acuden a la cabeza y las emociones que todo ello nos genera. Sin juzgar, ni interpretar, sólo aceptar y sentir. Nos quedamos con lo que experimentamos sin agregar sufrimiento. Somos más eficaces ya que al no ponernos trabas con nuestras emociones mal gestionadas o nuestros pensamientos improductivos, podremos valorar la situación y las soluciones con mayor amplitud de miras.

Cuando somos capaces de integrar esta fórmula en nuestra vida diaria nos volvemos más eficaces y aumenta la sensación de bienestar al disminuir el estrés. Al quitar la carga emocional pasamos de estar estresados a estar ocupados, nuestra autoestima mejora y las relaciones personales se ven beneficiadas.

Esto requiere un proceso de aprendizaje y lleva tiempo. Si quieres aprender a dejar atrás el estrés, en eidem podemos ayudarte.

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