Agorafobia: miedo a perder el control


Podemos decir que la agorafobia es un torbellino de ansiedad provocado por un ataque de pánico y que conduce a algunas personas a evitar a toda costa la situación que les ha conducido a ese estado.

Este trastorno psicológico puede provocar un grado de discapacidad grave y puede afectar al 1% de la población.

Su etimología de origen griego, “ágora” plaza pública y “fobia” temor, puede llevarnos a pensar que esta fobia se reduce a los espacios públicos, pero eso es sólo una parte del problema.

La agorafobia se refiere a la evitación y temor ante cualquier situación que puede provocar un ataque de pánico y hace perder el control de la ansiedad.

La agorafobia puede abarcar todo tipo de situaciones. Desde espacios como grandes superficies donde hay aglomeraciones y la persona evita acudir, hasta la intimidad de un encuentro con amigos o el temor a morir de un infarto, pasando por el miedo a viajar en avión.

Desencadenantes

La agorafobia suele ir precedida de otro trastorno, el de pánico, y es más frecuente en los jóvenes.

No se puede predecir en qué momento alguien va a tener un ataque de pánico. No obstante, existen una serie de factores de riesgo que incrementan la probabilidad de que esto suceda, dando lugar a un trastorno de pánico que después conduzca a la agorafobia:

  1. Tener estrés intenso y a la vez crónico.

  2. Ser mujer, por razones hormonales y también sociales, el estrés elevado en el hogar y en el trabajo. Tener un síndrome premenstrual severo y tener más cambios hormonales incrementan las posibilidades.

  3. Fumar cigarrillos o marihuana.

  4. Desarrollar temor a la ansiedad y a las sensaciones que se experimentan en un momento dado cuando se está nervioso.

  5. Reactividad fisiológica: durante el estrés hay personas que reaccionan con más activación cardiovascular o de otro tipo, como el rubor o el sudor. “Si una persona empieza a tenerle miedo a esas manifestaciones y les dedica mucha atención, más incrementa la tasa de respuesta que ya está teniendo”.

Síntomas

¿Cómo se llega a tener agorafobia?

Los ataques de pánico son una reacción inesperada e inexplicable, surgen con rapidez y alcanzan su punto máximo en apenas diez minutos.

Durante el ataque, se producen al menos cuatro de estos trece síntomas de activación:

  • Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca.

  • Sudoración.

  • Temblor o sacudidas.

  • Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.

  • Sensación de ahogo.

  • Dolor o molestias en el tórax.

  • Náuseas o malestar abdominal.

  • Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.

  • Escalofríos o sensación de calor.

  • Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo).

  • Sensación de irrealidad o despersonalización (separarse de uno mismo).

  • Miedo a perder el control o a “volverse loco.”

  • Miedo a morir.

Tras sufrir el ataque de pánico en una situación determinada, si la persona no recibe ayuda para comprender lo sucedido, surgen dudas y temores que hacen que la persona de vueltas al problema y aumente la ansiedad, y con ello, se incrementan las probabilidades de que se repitan.

Tratamiento

Los psicólogos apuntan que, aunque generalmente las personas con pánico están tomando psicofármacos, las técnicas que han demostrado ser más eficaces son las cognitivo-conductuales, que comienzan por una psicoeducación, la explicación del trastorno y las pautas para evitar que se repita.

Asimismo, para que los ataques no se sucedan “hay que controlar los factores de riesgo”. Los elementos cognitivos juegan un papel decisivo, si se da mucha importancia a los síntomas de activación se crea un “círculo vicioso” que desemboca en el incremento de las sensaciones de ansiedad y en la evitación de situaciones, lo que impide llevar una vida normal a quien las padece.

La agorafobia afecta al nivel del bienestar psicológico de las personas y puede llevar a adquirir un grado de discapacidad importante. Algunas tienen verdaderos problemas para realizar determinados trabajos o para salir de casa.

Actualmente, se están llevando a cabo ensayos que comparan el tratamiento psicológico cognitivo-conductual frente al tratamiento psicofarmacológico tradicional, Las hipótesis indican que funcionará mejor y será más eficaz y eficiente el tratamiento psicológico.

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