¿Es mi hijo un adulto feliz?


Esta pregunta nos la hacen algunos padres entrados ya en la cuarentena respecto de sus hijos que superan los veinte años. ¡Teniendo más que nosotros son más infelices!

Tiene su explicación.

El quid de la felicidad está en la concordancia entre las expectativas que uno tiene y la realidad. Es decir, cuando la realidad es mejor que nuestras expectativas seremos más felices. Pero cuando es al contrario, y hay discrepancias, nos genera infelicidad.

Estos padres vienen de familias más numerosas, han aprendido a tener que compartir o esforzarse más que los demás para conseguir sus objetivos, pero sabían que con trabajo y esfuerzo todo era posible. Han vivido una época próspera que les ha permitido desarrollarse profesionalmente y conseguir sus metas. En definitiva, la realidad que han vivido ha estado por encima de sus expectativas por lo que están felices con los logros conseguidos.

Esto ha hecho que sean optimistas y eduquen a sus hijos para que sean felices y lleguen más lejos de lo que ellos lo han hecho. Han trabajado su autoestima con mensajes de optimismo como “tú puedes llegar donde quieras”, “eres especial”, “confía en ti”, adaptando el entorno a ellos para que todo les resulte más fácil y grato.

En principio estos mensajes no están mal si también se acompaña de vez en cuando de un baño de realidad. Pero esto normalmente no ocurre. Protegemos a nuestros hijos y nos adelantamos a sus caídas y a sus necesidades, a veces incluso antes de que ellos se den cuenta de que tienen esa necesidad.

Esta generación de jóvenes, llamada también “Generación Y” tienen entre 20 y 30 años son muy hábiles tecnológicamente y están acostumbrados a hacer varias cosas al mismo tiempo: escuchar música, responder a los mensajes de teléfono mientras realizan alguna tarea compleja en el ordenador.

A menudo se sienten con derecho a un nivel de respeto y recompensas que no están de acuerdo con sus niveles de habilidad y esfuerzo reales y de esto se dan cuenta “cuando salen al mundo real y se dan de bruces con la realidad”. Por lo que no pueden conseguir el nivel de respeto y recompensas que están esperando. Llegamos con esto a “las expectativas no satisfechas”. Cuestión que genera infelicidad.

Las redes sociales tampoco favorecen, dado que en ellas nos muestran solo la parte de logros de los demás y la felicidad que nos quieren transmitir, lo que hace que su realidad palidezca ante la de los demás.

Tener una carrera profesional exitosa no está exenta de duro trabajo. En la universidad o en el trabajo son uno más, tan especial como cualquiera de sus compañeros, por lo que la capacidad de esfuerzo, la tenacidad y el ser capaz de superar con rapidez las frustraciones se hace vital para poder conseguir los objetivos marcados. Hay que saber adaptarse.

Algunos consejos para ayudarles a ser feliz

1) Analiza tus capacidades reales y adecúa tus expectativas. Prográmate el camino para conseguirlas y busca los recursos que te faltan.

2) Deja de pensar que eres especial. Eres una persona joven e inexperta pero puedes ser especial si dedicas tiempo y esfuerzo.

3) Estate abierto a nuevas oportunidades, adaptándote. Esto no significa dejar de ser ambicioso en los objetivos que te marques.

4) Disfruta de los logros que vayas consiguiendo, esto te dará motivación para continuar.

5) Las cosas no siempre se consiguen a la primera, hay que practicar para tener éxito.

6) No hagas caso de lo que te muestran los demás en las redes. La verdad es que tienen nuestras mismas preocupaciones y dificultades. Sigue tu propio camino y no te compares.

7) Y no dudes en pedir apoyo de un profesional si lo ves necesario

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